Percepción del inmigrante

La explosión migratoria de las últimas décadas está atemorizando a algunas personas, el crear un clima de temor hacia los inmigrantes ha sido la política que se ha seguido en algunos países a falta de una reglamentación y mentalidad poco preparadas para la acogida de otras culturas.

Según la revista Time un alto funcionario de un país europeo ante la nueva migración de los países bálticos después de la guerra de Yugoslavia comento que “no queremos que se sientan demasiado cómodos, lo que queremos es que se marchen”.

 Así que no toman demasiadas medidas contra los cabezas rapados u otros, que por xenofobia se permiten el lujo de atentar contra la vida humana.

En un país asiático donde la inmigración supone también un problema, un funcionario declaró que su trabajo consistía en “no dejar pasar a los extranjeros”.

Más extremas todavía fueron las declaraciones de un periodista francés quien comento que los extranjeros que emigran constituyen una amenaza por que son de raza distinta, hablan idiomas distintos y tienen un código de valores diferente y su conclusión fue que habría que deportar a tantos como fuera posible y aislar al resto.

De hecho, eso es lo que se ha hecho en muchos lugares crear getos que dificultan la integración.

La paradoja del geto es que es el paso intermedio entre la antigua patria y la nueva, y puede ser de ayuda para un recién llegado y la trampa para el que lleva tiempo.

Cuando el periodista Günter Wallraff hizo la experiencia de disfrazarse de obrero turco y trabajar en una fábrica de acero alemana, e hizo público lo que descubrió acerca del trato que se daba a los trabajadores extranjeros en Alemania, que a pesar de estar en situaciones de peligro para su salud se les amenazaba con la perdida del empleo, la opinión pública se escandalizó.

El emigrante

A menos de tener problemas económicos o políticos, nadie deja un lugar en el que esta bien y se siente seguro. (No incluyo en este texto a los emigrantes por causas de estudios o por adquirir experiencia profesional)

Luego es evidente que los emigrantes muy a menudo llegan en una posición de inferioridad, incluso en ocasiones sin tener ni tan siquiera los medios de volver a su país. Sencillamente no tienen a donde ir. Por si fuera poco, la mayoría tiene que enfrentarse al doloroso proceso de superar la angustia emocional que supone verse desarraigados de su entorno y el tener que esforzarse por adaptarse a un modus vivendi completamente extraño. En un informe de la revista U.S News & World Report se dice que los extranjeros empiezan por sentirse abrumados y luego excluidos y que para algunos, especialmente si ya son mayores el esfuerzo es muy grande, ya que pierden una primera patria y el problema se agrava al sentirse excluidos de la segunda de acogida.

 Por otra parte, para ser miembro activo de la sociedad es necesario para muchos aprender un nuevo idioma, la mayoría de las veces eso puede suponer la perdida de conceptos que solo se pueden expresar en el propio idioma de uno. Algunos han descubierto que leer en el nuevo idioma aún cuando al principio no se entienden todas las palabras, ayuda a saber ordenar las frases y a entender conjuntos de ideas. En realidad, no solo hay que aprender el nuevo idioma sino también toda la mentalidad que lo acompaña. He ahí la dificultad principal del emigrante, Milovan Djilas, escritor yugoslavo, lo expresó de esta manera: “Un hombre puede abandonarlo todo, un hogar, una región, un país, pero no puede abandonarse a sí mismo”

Alcanzar el equilibrio en la empresa de adaptarse y al mismo tiempo mantener intacta su personalidad y dignidad puede ser muy complejo. El resultado de esa adquisición, será sin duda muy positiva, tanto en mejorar relaciones con el nuevo entorno como ampliar el modo en como se percibe el mundo y sus diferentes componentes.

Otra dificultad a la que se enfrentan las unidades familiares de emigrantes es cuando los hijos asimilan el nuevo idioma y cultura más rápidamente que los padres y surgen fricciones dentro de las familias. Los padres que tradicionalmente se supone deben enseñar a los hijos, se sienten humillados ante unos hijos que les enseñan a ellos o incluso hasta les reprochan no adaptarse. Puede que sientan que se les esta perdiendo el respeto y eso haga que se aferren aún más a sus conceptos primeros. Según las autoras Mildred Sikkema y Agnes Niyekawa- Howard del libro “Cruzando el aprendizaje cultural y el autocrecimiento”, el proceso de aprender de otras culturas contribuye al crecimiento de la propia personalidad, el presuponer de antemano que sabemos lo que los demás piensan o que piensan como nosotros crea muchos malos entendidos, lo más sencillo cuando una reacción nos parece extraña es preguntar.

Publicado en Veu de Sóller el 15-03-2002

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