Llegó al consultorio en dónde tenía una cita con la oftalmóloga con una bombilla de bajo consumo en las manos. Vestía una camisa a rallas salida de un ropero antiguo y un pantalón gris de los que usan los hombres que ya tienen demasiada edad como para ir de tiendas y cuidar su imagen.
Al verlo uno pensaba en un abuelo, sin embargo, rozaba la treintena y su rostro era lozano y lleno de vida. En la recepción un apuesto joven y una chica le tomaron los datos, era un paciente nuevo en la consulta y se sonrieron. Ambos llevaban tanto tiempo trabajando juntos que una simple mirada les bastaba para saber que a ambos les había llamado la atención el detalle de la bombilla de bajo consumo.
A ella esas bombillas además le hacían pensar en algún tipo de enredo lumínico, y se imaginaba que dentro de los tubos doblados había habitantes luciferinos, siempre tuvo una imaginación que sobrepasaba lo natural.
Decían que era por que era miope, y los miopes por lo que se ve, lo que no saben o no pueden ver, se lo imaginan, pero claro la imaginación siempre juega malas pasadas, uno acaba imaginando cualquier cosa con tal de llenar el vacío de la ignorancia.
El paciente hacía días que notaba una molestia al mirar de lejos, como que ya no distinguia bien a las personas, solo veía siluetas.
Al cabo de un rato de espera que le pareció interminable, entró en la consulta y se lo contó a la doctora. Valió la pena la espera- pensó mientras miraba a la oftalmóloga, con ojos de niño en manos de una deliciosa mamá. Ella, elegante y auténticamente profesional, miraba con atención sus ojos, pero no veía su mirada. Al fin y al cabo era oftalmóloga, no psicóloga, ni cuidadora infantil.
Cuando después de su revisión anual, ella le comentó que preferiría verlo una segunda vez, para una revisión, él estaba encantado de que sus ojos tuvieran tal disfunción que les hiciera falta ser revisados, de hecho si le hubieran pedido que se los revisara al infinito, tampoco habría dicho que no.
Así salió de la consulta el miope más feliz del universo, acariciando su bombilla.

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LA SOLITUDE PARISIENNE

14 agosto 2011

Il pleut. Comment dire; Paris est vraiment gris quand il pleut et elle trenne ses pieds dans les rues. Il pleut. L’eau rentre dans ses petites sandales d’ete, c’est une pluie d’été, toute bête, naïve, croit-elle peut-être qu’elle sert à nettoyer la vile de son désarroi.
Et elle aime de se mouiller dans sa solitude. Paris, son métro est plein à craquer, et une femme dedans pleure assise dans le quai. Seule avec sa peine. A côte une jeune fille lit un livre absente dans sa lecture. Un jeune hoche la tête absent avec sa musique dans les oreilles.
La Tour Eiffel et Notre-Dame sont plus entourés qu’elle. Le reste des gens sont ou absents ou en vacances en Provence.
Paris au mois d’Août est vide, mais si en plus il pleut, il est vide, mouillé avec des gens absents ou des touristes obnubilés. La vile monumental aveuglante leur satisfait. Les détails des visages des habitants habituels leur passent par dessous de la tête.
Mais il est logique, personne ne ferait des kilomètres et des longs voyages pour voir une simple femme de ménage que ne sait que pleurer un jour de pluie d’été dans le Métro, et avec le seul but de prendre le RER pour aller vers la banlieue, retrouver des enfants à qui elle en peut pas offrir des vacances d’été, des enfants que n’ont pas encore jamais vu la mer.
Des heures et des heures à travailler, à se déplacer pour revenir à une maison triste dans un quartier triste, là ou les touristes n’iront jamais voir ce qu’il se passe.
Ils se promèneront au Louvre, ou au Musée d’Orsay, pourtant certains graffitis de la cité sont des ouvres d’art, que ne seront jamais reconnues. Certaines sont imprégnés de la haine des enfants des femmes pleureuses, que ne savent pas quoi faire pour rendre plus facile la vie à leurs mamans. Parfois, eux aussi ils pleurent dans leur chambre en cachette, c’est trop nul de pleurer en publique. Encore que leur mamans qui pleurent au Métro sont entourés des gens aveugles, à la fin, c’est la même chose.
Un jour comme n’importe lequel dans la quotidienneté de la grande ville des lumières.

LA SOLEDAD PARISINA (Traducción al español a petición de Ricardo Baldor-Poeta de Culiacán-México)

Llueve. Como decirlo: Paris es realmente gris cuando llueve y ella arrastra sus pies por las calles. El agua entra por sus pequeñas sandalias de verano, es una lluvia de verano, sonsa, crédula, a lo mejor se cree que servirá para quitar de la ciudad su desespero. A ella le gusta mojarse en su soledad. Paris, su metro está abarrotado, y una mujer dentro llora sentada en el andén. Sola con su tristeza. A su lado una mujer joven lee un libro ausente en su lectura. Un joven mueve su cabeza ausente con la música en los oídos.
La Torre Eiffel y Notre-Dame están más acompañados que ella. El resto de la población está ausente o de vacaciones en provincias. Paris en el mes de Agosto está vacío, pero si encima llueve, está vacío y mojado con gente ausente y turistas obnubilados. La ciudad monumental cegadora les satisface. Los detalles de los rostros de la gente les pasan desapercibidos. Pero es lógico nadie, haría miles de kilómetros y largos viajes solo para ver a una simple mujer de la limpieza que solo sabe llorar un dia lluvioso de verano en el metro, y cuyo único objetivo es cojer el tren de cercanías,para ir a los suburbios, encontrarse con sus hijos, a quienes ella no puede ofrecer vacaciones de verano, niños que todavía no han visto nunca el mar.
Horas y horas de trabajo, desplazarse para volver a una casa triste en un barrio triste, allá dónde los turistas nunca irán a ver que pasa.
Se paserarán por el Louvre o por el Museo d’Orsay, y sin embargo algunos graffitis del gueto son obras de arte que nadie reconocerá. Algunas están impregnadas del odio de los hijos de mujeres lloronas, que no saben que hacer para facilitarle la vida a sus madres. En ocasiones, ellos tambien lloran a escondidas en su habitación, es estúpido llorar en público. Aunque sus madres que lloran en el metro están rodeadas de gente ciega, al final, es lo mismo.
Un día como cualquier otro en la cotidianidad de la gran ciudad de la luz.

EL EVENTO DE FACEBOOK

27 enero 2011

Facebook propone eventos curiosos…. ¡Puede llegarte una invitación a tu propia boda, creada por el pretendiente a esposo! 😉 – Decía ella, emonticono añadido, en su perfil a todos sus amigos, contactos y curiosos múltiples.

El evento se presentaba con una foto anónima de dos seres vivos vestidos de novios. Y una fecha elegida al azar.

El pretendiente lejos de ella, pretendía, valga la redundancia, al puesto de ser especial y único para ella. Al puesto de rey entronizado de su corazón, aquel del que no volvería a separarse en toda la vida. Era un humano que parecía tener una personalidad atractiva. Ella ante las tres opciones, estática sin saber a que botón dar: si, no, tal vez, se envolvía en elocuentes soliloquios, argumentándose y desargumentándose.

Tener que tomar una decisión ante todos sus contactos y que la apabullaría de respuestas y reacciones en pro y en contra. Pensó que no tenía que haber hecho ningún comentario al respecto habría sido mucho más discreto, pero ya era tarde, la había tomado por sorpresa y ya había escrito la nota delatora.

Espero un momento antes de responder, vio como al evento se le iba añadiendo gente poco a poco, gente que ella no conocía y se suponía iban a ir a su boda. Pensó en huir, las muchedumbres nunca le dieron buena espina.

Pero ahí estaba él, anhelante, esperando un sí a toda costa. Esa idea a ella le pareció agobiante. A toda costa, es demasiado pedir.

No quería que nadie la anhelara, eso implicaba la gran responsabilidad de ser recíproca. Generalmente mucho espera, el que mucho da- pensaba, aunque no se lo creía del todo.

 ….y mientras tanto seguían añadiéndose amigos a la fiesta. La tensión iba en aumento conforme los minutos avanzaban.

 Finalmente se decidió por un tal vez. Esperando que él preguntaría que era lo que no la convencía. El día pasó, ella no asistió y él nunca preguntó con lo que nunca supo que ella no vivía en Facebook aunque pareciera lo contrario.

Imagen obtenida en internet- PARA COMPRAR EL CUADRO VER LINK ABAJO

“Me equivoqué”- No cesaba de repetir. “Quise una obra exquisita”. “Me equivoqué y fíjate que ha salido”- Humo salía del lienzo. Un humo blanco en el que se desdibujaban formas caprichosas y letras de sopa.

De la pintura salieron frases consentidas, mimadas, sonrientes como quién es feliz y no sabe por que.

Le nació al autor un cuadro nuevo a estrenar, que ya antes de ser parido estaba teniendo un éxito atroz.

Fue admirado en su propia concepción, ojos voyeuristas y pacientes esperaron toda la gestación para poder al fin, pagar el precio por obtenerlo.

A pesar de ser un error a su parecer, su juicio no retuvo la atención de los críticos de arte que ya le habían augurado una salida de alto reconocimiento. Ellos no se equivocaron, prometieron aceptación, la crearon, la protegieron hasta el nacimiento y finalmente se la regalaron. Nació la obra con el pan bajo el brazo.

Todos le felicitaron. Dijeron que era su obra maestra. Todo su talento plasmado. El autor no se sentía identificado, creía que estaban hablando de otro ser humano, para él seguía siendo otra cosa muy distinta a lo que había querido hacer.

Pero su voz no fue escuchada. Dijeron que era una persona de talento y no importaba si él no pensaba lo mismo.

Finalmente reconoció: “Este es el error que confirma lo que los demás entienden por mi talento”

 

Rosa Ramos- 10-12-2010